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“La fuerza de la manada está en el lobo, y la fuerza del lobo en la manada”
                                   
                             Rudyard Kipling “La ley de la jungla”


Fue hace unos siete años. Nunca sé exactamente cuándo empezó La Manada. Sé que debería saberlo, pero nunca me acuerdo. Creo que quizás sea porque nunca empezó, de repente estaba. Como el amor, la amistad o la madurez. Uno nunca sabe dónde está el principio de las cosas importantes. Pero casi con total seguridad puedo decir que fue hace siete años cuando nació nuestra escuela. No nos costó mucho encontrar el nombre. No quería ponerle el mío como se ha hecho casi siempre con las escuelas de interpretación. No porque me pareciera mal, en absoluto. Solo quería una escuela cuyo prestigio radicara en el grupo. El teatro es un arte humilde que reparte humildad a la humanidad. Nos pone en contacto con nosotros, nos relega a no pasar a través del espejo sino a interpretar la imagen que nos devuelve. La humildad está en los grandes nombres que he admirado en mi vida. Sensibilidades afiladas y desnudas. Locos y locas en constante contradicción con el mundo y sus habitantes. La enfermedad, la muerte o el azar son elementos que nos hablan también de esa humildad. También el amor y la lealtad. Decía que quería una escuela cuyo prestigio radicara en el grupo. Desde que empecé a hacer teatro mis mejores recuerdos son con las personas de mi alrededor. Me gustaba mucho el autobús, la descarga, los ensayos, las cervezas con anécdota, etc. Nunca me ha gustado el murmullo de los flashes. Lo digo de verdad. Siempre me dio miedo. Procuraba en mí una sensación incómoda que relacionaba con la mentira. Y por tanto con el dolor. Sé que decir que la mentira se emparenta con el dolor os puede resultar extraño. No lo sé. Para mí es casi lo mismo. Me gustaba el nombre porque su concepto esquivaba la soledad. Nadie tiene por qué estar solo si podemos evitarlo. No existe ayuda que no podamos prestar si todos quieren. En fin, cosas así. Supongo que esto tiene un aire quijotesco, quizás por eso me cueste verbalizarlo algunas veces, siento la vergüenza de la candidez, de la inocencia. Pensaba que cualquier imbecil era capaz de ser bueno cuando todo era bueno, pero que lo difícil era hacer cosas buenas en los momentos duros. Eso es lo que yo creo que es una manada. El olvido del egoísmo, la gestión madura de uno mismo por un bien mayor, la empatía, la solidaridad, la honestidad para decir lo que no quieren escuchar, y la valentía para mirar a los ojos al que te quiere herir, saber perdonar, echar marcha atrás, saber pedir disculpas y reconocerse en el error asumiendo que eso no te hace peor persona sino todo lo contrario. Creo que una manada debería enseñarte eso. Por eso le puse el nombre. Por eso quiero mantenerlo a pesar de los vaivenes de los periódicos y de la gente. Que confunden conceptos con palabras como si el ahora fuera la única realidad condenable. Nos hemos acostumbrado a encontrar raíces en la superficie de las cosas.

Estos tiempos son de locos. Parece que la coyuntura nos arrastra a todos. La fuerza mediática es enorme. Hasta el punto de resignificar los términos que siempre han tenido múltiples significados. De hacernos olvidar en qué creemos por la dictadura del presente y la influencia del enfado. Mi deseo sería que aprendiéramos a separar la verdad de la mentira, el ahora del mañana, La Manada de los violadores de San Fermín. Sé que es imposible. Y por tanto solo quiero decir que nuestra escuela, esta escuela que nos representa a tantos, esta escuela de un barrio de Carabanchel, humilde, divertida, sana, esta escuela de lunáticos trabajadores, nuestra escuela, siempre estará al lado de los que sufren, de los que lloran, de los que están solos y desamparados, de los que creen que una mano siempre debe levantar al que cae, de los que comprenden y no juzgan, de los que unen, de los que han sido avasallados por una turba de humanos, no de animales, porque los animales no hacen tales cosas. Esta escuela siempre estará al lado de los que luchan solos por defender la justicia, la solidaridad, el amor en cualquiera de sus formas; estará al lado del débil, del pobre y del que pide ayuda. Estará al lado de todo aquel que la necesite. Y no lo hará a pesar de llamarse La Manada, sino precisamente por eso: porque se llama La Manada.

Carlos Silveira.

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